Una esposa especulando.
Espera en el sillón.
Está esperando.
Ya ha debido llegar.
Marca el teléfono.
No hace más que timbrar.
Llora en silencio asustada.
En la oscuridad.
Se siente engañada.
Se para y comienza a caminar.
De derecha a izquierda.
Se va a desmayar.
Comienza a tambalearse.
Voy a caerme, dice.
Y lo hace.
Al rato llega el marido.
Sonríe, ha triunfado.
Abre la puerta sin hacer ruido.
Camina un paso, otro paso.
Se quita los zapatos.
Quiero agua, va por un vaso.
Mientras tanto nuestra pobre herida.
En la entrada de la cocina.
Se está quejando, está tendida.
Está rendida.
Su esposo que va entrando.
Se voltea, oye algo.
Debe ser el cartero que está pasando.
Patina en medias encantado.
Se tropieza con su esposa.
Totalmente embriagado.
Los dos se vuelven uno.
Una masa de pies y manos.
Codos, alientos y desilusión.
De muertes, de uñas, de una canción.